¿Es posible el amor, si no es en su sentido más trágico?

¿Qué amor no está condenado a la desaparición de los amantes?  ¿Es posible el lirismo, la belleza, la exaltación de la pasión, sin esa pizca de locura y de destrucción?

«Cold War» es bella, es poética, pero sobre todo es real, profundamente. Los amantes están destinados a repetir, a separarse y reencontrarse viviendo la imposibilidad de un amor lineal y continuo. Para ellos es circular o espiral, partidas y despedidas irán jalonando las sombras, los claroscuros de sus respectivas personalidades. Son los años de posguerra; Polonia cae bajo la égida de la Unión Soviética. El es un pianista, amante del folclore popular y de la música, que sueña con dejar su país e iniciar una nueva historia en Paris.

Ella marcada por los intentos del padre de tomarla en el lugar de la madre, es una superviviente. Alguien que ha de hacerse. Alguien por advenir. Bella y radiante tiene la fuerza y el ímpetu de la pasión por la vida, quiere hacer carrera, a pesar de estar marcada por la muerte.

Con la música como un personaje más, asistimos en blanco y negro y con un enfoque particular a la bajada a los infiernos de los amantes que no dejarán de serlo, a pesar de todas las dificultades.

El amor triunfará pero no en vida, o sí. Y la película nos hará experimentar emociones universales y extremas; sensaciones voluptuosas y un cálido y sugerente dejarte llevar hasta el límite mismo de la pérdida.